¿Qué es la caída máxima (drawdown)?

La caída máxima mide la disminución desde el valor pico de una cartera hasta su punto más bajo antes de recuperarse a un nuevo máximo. Si una cartera alcanza $100,000, cae a $75,000 y luego se recupera, la caída máxima es del 25%. Esta métrica captura la peor pérdida que un inversor habría experimentado, haciéndola más intuitiva que la desviación estándar para comprender el riesgo.

A diferencia de la desviación estándar, que mide la volatilidad en ambas direcciones, la caída máxima solo atiende a las pérdidas: el descenso desde un máximo anterior. Por eso refleja tan bien el dolor que un inversor siente de verdad, ya que nadie pierde el sueño por las ganancias. Una cartera puede tener una volatilidad moderada y aun así sufrir una caída profunda en un descenso prolongado, de modo que ambas métricas describen aspectos distintos del riesgo y conviene leerlas juntas.

Caídas máximas en las grandes crisis

Mirar la historia ayuda a dimensionar la escala. Durante la crisis financiera mundial de 2008-2009, la renta variable global cayó alrededor de un 55% desde su máximo; el desplome de la pandemia de 2020 recortó cerca de un 34% en cuestión de semanas; y el estallido de las puntocom de 2000-2002 hundió las acciones estadounidenses en torno a un 49%. Una caída del 55% convierte una cartera de $100,000 en apenas $45,000, una pérdida que pone a prueba el temple incluso de los inversores más experimentados.

Caída máxima y recuperación

Una perspectiva crítica es que la recuperación requiere una ganancia porcentual mayor que la pérdida. Una caída del 25% requiere una ganancia del 33% para recuperarse. Una caída del 50% requiere una ganancia del 100%. Esta asimetría significa que evitar grandes caídas es matemáticamente más importante que capturar grandes ganancias. La caída máxima del S&P 500 durante la crisis financiera de 2008 fue aproximadamente del 57%, requiriendo una ganancia del 132% para recuperarse.

La recuperación también lleva tiempo, y la espera puede ser larga. Tras el desplome de 2008, el S&P 500 necesitó alrededor de cinco años y medio para recuperar su máximo anterior, mientras que la caída de la pandemia de 2020 se recuperó en unos cinco meses. El pinchazo de las puntocom tardó casi siete años en sanar. Para quien está en los cinco a siete años previos a la jubilación, una caída profunda en el momento equivocado puede ser devastadora, porque queda poco tiempo para esperar a que el mercado vuelva a subir.

Consideraciones clave

La caída máxima es una métrica clave para evaluar estrategias de inversión y gestores de fondos. Una estrategia con altos rendimientos pero caídas extremas puede ser inadecuada para inversores que no pueden tolerar ver su cartera reducida a la mitad. La diversificación entre activos no correlacionados es la herramienta principal para reducir las caídas de la cartera.

Dos advertencias prácticas merecen énfasis. Primero, es un error tratar la mayor caída del pasado como el peor escenario que puede ocurrir; un plan prudente supone un descenso futuro de quizás 1.5 veces el máximo histórico. Segundo, mantener la calma en medio de una caída es mucho más difícil de lo que parece: ver cómo una cartera de $100,000 se desliza hacia $70,000 tienta a muchos inversores a vender presa del pánico en el peor momento. El remedio es que decidas tus reglas de actuación por adelantado, mientras tu juicio sigue siendo claro, y no en pleno mercado a la baja.

Antecedentes históricos, ventajas e inconvenientes

La caída máxima cobró protagonismo en la industria de los fondos de cobertura de la década de 1990, donde los gestores necesitaban una sola cifra para transmitir el riesgo del peor caso a sus clientes, y a partir de entonces apareció cada vez más en los informes mensuales de rentabilidad.

Su gran ventaja es que hace concreto y fácil de captar el peor escenario: decirle a un inversor que una estrategia podría perder un 50% en su peor momento resulta mucho más visceral que citar una desviación estándar del 20%. El inconveniente es que se apoya por completo en datos pasados, de modo que nunca puede garantizar que el futuro no sea peor, y por eso lo maduro es combinarla con un margen de seguridad en lugar de confiar en ella a ciegas.